Hoy, día 20 de abril, se conmemora el 25 aniversario de la inauguración de la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, un acontecimiento que colocó a esta ciudad y a Andalucía en la antesala del Siglo XXI por mor de la imagen internacional proyectada y de las infraestructuras desarrolladas con ocasión de tan magna celebración. Mirando atrás, sin sesgo retrospectivo alguno, aparecen días de gloria y de pesadilla que jalonaron los años difíciles en los que se gestó el ambicioso proyecto. Había en 1991 una inmensa zozobra provocada por la guerra del Golfo Pérsico. Había unos corifeos de la Sevilla conservadora y antigua, refractaria al cambio y a la modernidad, que nunca hicieron suya la Expo (la Cartuja era la Isla del Tesoro, el AVE era el rapidillo y así sucesivamente). Había ingenieros, abogados y empresarios de medio pelo, muchos oportunistas, que se hicieron ricos con los negocios de la Expo. Había agrias disputas políticas entre comisarios y gestores, bajo sus respectivos padrinazgos. Estaban hombres ilustres como Manuel Olivencia, Emilio Cassinello y Jacinto Pellón, este último verdadero artífice y constructor de aquel escaparate mundial, con un extraordinario mérito pendiente todavía de reconocimiento por la ciudad de Sevilla.

Con un récord de participación en la historia de las exposiciones universales, 112 países, 24 organizaciones internacionales y numerosas grandes corporaciones empresariales privadas, la Expo del 92 exhibió casi cien pabellones con casi medio millón de metros cuadrados de superficie construida, más de 50.000 actuaciones ´(desde ópera y jazz hasta teatro, rock y folclore) en 21 espacios escénicos diferentes, un centenar de restaurantes…. Más de 40 millones de visitas y más de 15 millones de visitantes en los seis meses que duró. Y todo el tinglado cifrado en una inversión pública de más de 800.000 millones de pesetas (autovías, AVE, Estación de Santa Justa, puentes sobre el Guadalquivir, nueva terminal e instalaciones del aeropuerto de Sevilla). El proyecto más importante y complejo de toda la historia de Sevilla y Andalucía, recordado hoy como un sueño inolvidable para los que estuvimos allí.

Luego, un tropel de incrédulos, derrotistas y agoreros profetizaban en mayo de 1993 el fracaso de la herencia que dejó la Exposición Universal de 1992 en Sevilla. Vaticinaban que la Isla del Tesoro se convertiría en un erial de haramagos, imagen que hizo fortuna durante algún tiempo de Despeñaperros para arriba (asociada a los seculares estereotipos que maltratan desde fuera a Andalucía). Hoy día, el Parque Científico y Tecnológico Cartuja, que cobijó a la Expo del 92, tiene más de 15.000 trabajadores, más de 400 empresas, con un actividad económica que se acerca a los 2.000 millones €, y acoge a 200 grupos de investigación.

Portada de la revista ANDALUCIA ECONOMICA en abril de 1992.

 

Artículo de Rafael Camacho en ANDALUCIA ECONÓMICA, un año después de la EXPO92.