El president que ya no es president almorzaba hoy plácidamente en Girona, su tierra, donde mañana reciben el Real Madrid C.F., el único ente español sin el que los catalanes no podrían vivir, según confiesan del BarÇa para abajo. Mientras reponía fuerzas para los días que vienen, según el lema de los insurrectos, emitía en TV3 su último (?) ‘Missatge del President de la Generalitat’, que ya no lo era según el BOE del mismo día. A lo que parece, Puigdemont no se siente concernido por el cese ni la TV3 por la aplicación del artículo 155 que, en un último regate del Senado, excluyó de la intervención al “servicio público autonómico de comunicación audiovisual”.

Hace una semana, una dirigente socialista pulsaba mi opinión sobre “la cuestión de TV3”. Como no acostumbra a leerme, la remití a mi post del pasado día 15 sobre “el evangelio indepe” donde calificaba sumariamente a esta televisión, en otro tiempo de alta calidad, como “burdo aparato propagandístico al servicio del independentismo”, que perpetraba contenidos sin el menor reparo ético y deontológico (las pruebas son innumerables). Dicho lo cual, añadí que me parecería repudiable cualquier forma de intervención de un medio de comunicación público. Y que el único control exigible, este sí, es el de legalidad. Ejemplo palmario: hoy ha comenzado el ‘periodo electoral’, que concluirá el próximo 21 de diciembre con las elecciones autonómicas, y con él lo dispuesto en la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, cuyo artículo 66 exige a los medios de comunicación el respeto al pluralismo y la neutralidad informativa. Infringir la LOREG puede ser falta sancionable o incluso delito.

La reacción de Puigdemont y de TV3 en el día de hoy, que anticipa conductas futuras, está en la naturaleza de los seres animados, ya contrastada en la fábula de la rana y el escorpión. Cuando éste acaba picándole a aquella después de asegurarle que no lo haría si lo pasaba de una orilla a otra del río, la rana se lamenta: ¿cómo has podido hacer una cosa así? Ahora moriremos los dos. A lo que el escorpión responde: “no he tenido elección, es mi naturaleza”.

Cuando el Gobierno de España requiere a Puigdemont el pasado día 21 para que le aclare si, como parece, ha delinquido contra el orden constitucional, se extienden las especulaciones sobre la respuesta del President y muchos biempensantes, como mi amigo Quique, vaticinan que se decidirá por convocar elecciones suspirando “pase de mi este cáliz”. Es decir, los buenistas no conocen la naturaleza del político gerundense y menos aún de los grupos que lo escoltan. Estuvieron quienes aún creen en el ser humano a punto de acertar errando, pero el amago del jueves de Puigdemont y el esperpento que lo representó sólo era una táctica para salvar los muebles (los Jordis, otras causas abiertas y su propio pellejo) y alicorto recorrido. No coló y cerró la jornada con ese speech leído que ha modelizado para la historia como ejemplo de discurso con mucho significante y confuso significado , como el de hoy mismo (en esto, Puigdemont, periodista del montón, sí se ha revelado maestro). Finalmente, porque es su naturaleza, hizo o dejó que hicieran el montaje del vodevil en el Parlament de Catalunya, al que pudimos asistir estupefactos, por todas las pantallas, en el infausto y tristísimo día de ayer.

Ahora, la rana espera que el escorpión acate de buen grado la letra del Boletín Oficial del Estado, pero esa docilidad no está en su naturaleza, por lo que la implementación de lo tan solemnemente aprobado por el Senado será tarea hercúlea para los brazos ejecutores.

La primera incógnita que se nos plantea hoy es si el próximo lunes habrá que sacar a Puigdemont del Palau de la Generalitat de esta o de aquella guisa para que le deje el sillón a Soraya Sáenz de Santamaría (¡hasta dónde hemos llegado, qué regresión, qué pena!). La segunda, cómo se articulará la “oposición democrática al artículo 155”, a la que llamaba ayer desde Girona el president que ya no es president. La tercera, si los independentistas concurrirán a las elecciones autonómicas y, si lo hacen, si se la jugarán por separado o en lista única.

Sean cuales sean la táctica y la estrategia de la ‘resistencia’, lo que nunca se debe olvidar es que esta gente está ya desde hace tiempo en su República Virtual (que tiene las mismas siglas que la Realidad Virtual) y que en lo que vaya a hacer no tiene elección, “es su naturaleza”.