Los constructores de la República catalana han debido de constatar el 21-D que no tienen los materiales ni la argamasa necesarios para erigir tan grandioso monumento.. Los resultados de ayer refrendan, cual referéndum, que el poder representativo de los nacionalistas (mutados todos a independentistas) no crece desde las elecciones de 1999, oscilando en una estrecha horquilla entre el 46%  y el 48% (exactamente, 47,5% en los comicios de ayer).

La firme convicción de los independentistas es condición necesaria pero no suficiente para levantar un Estado soberano segregado de España, porque hay al menos 2.200.000 ciudadanos soberanos que se han expresado en las urnas contra esa posibilidad. ¿Cree alguien que un referéndum con todas las bendiciones legales daría un resultado distinto?

O sea, el 21-D no ha aclarado nada, como se temía, y devuelve las piezas del tablero al punto de partida. A Puigdemont su exilio en Bruselas le ha dado dividendos y nadie de sus adeptos le ha reprochado el fracaso del procès, lo que demuestra a las claras los ‘supporters’  con los que cuenta. Es el gran triunfador del 21D, si descontamos la victoria indiscutible pero estéril de la ‘andaluza’ Inés Arrimadas, a quien no han acompañado los otros ‘constitucionalistas’. La Ley D’Hont se ha encargado de encarecer los sufragios de estos últimos: al PP le ha costado 61.269 votos cada uno de sus tres raquíticos escaños: al PSC, 35.469 votos y a Ciudadanos, por ser la opción más respaldada, 29.786 votos cada uno de sus 37 parlamentarios. Pero a Junts per Catalunya, la candidatura personalista que se sacó de la manga el fugitivo Puigdemont, sólo ha necesitado 27.665 votos por cada escaño. Como se sabe, los catalanistas no han podido (ni querido en el caso de los ‘convergentes’) sacar adelante nunca una ley electoral propia (a pesar de su proclividad a lo propio y diferenciado), de ahí que se apañen con la Ley D’Hont que a Pujol siempre la cuadró muy bien porque la norma prima a las zonas menos pobladas (la Cataluña profunda) y penalizar los núcleos más poblados y dinámicos..

A la vista de los resultados, tanto Puigdemont como Rajoy se han apresurado a remarcar sus territorios: el primero, pidiendo audiencia para sentarse a hablar “sin condiciones” (quiere decir sin condiciones que no acepten el statu quo anterior al 27 de octubre y sin amenaza de cárcel); el segundo, repitiendo cansinamente “el imperio de ley” para los que sigan extraviados en alta mar sin mirar al faro-guía de la costa. Ni uno ni otro saben como se va a zafar del Tribunal Supremo, que ha tomado cartas en el affaire. Aunque los ‘indepes’ no lo entiendan, el poder judicial es autónomo y esa maquinaria ya puesta en marcha sólo puede acabar en sentencia. A ver cómo salimos de este enredo político-judicial.

Mientras tanto, tendremos que seguir soportando que el superentrenador de superquipos Pep Guardiola, aspirante de mayor a Molt Honorable, aproveche su foco mediático para lanzar de cuando en cuando spots propagandísticos sobre los ‘presos políticos’ que sufre Cataluña, dándonos clases de democracia desde su rácana formación intelectual como fisioterapeuta.