El bitcóin (así se debe escribir en castellano el término inglés), la moneda virtual que hizo su aparición en 2009, creada por un tal Satoshi Nakamoto y que ha tenido en 2017 su año de gloria, cotizaba hoy (14 de febrero de 2018) a 7.588 € (unos 9.270 $), pero llegó a alcanzar los 17.000 $ en el pasado ejercicio, después de registrar una revalorización del 1.500%, lo que apunta ya a una burbuja, según advierten muchos expertos y flamea el sentido común.

Esta moneda digital es hoy en día la primera red de pago en peer to peer descentralizada y sin ninguna autoridad central. No se rige por ningún sistema bancario concreto. Sólo se pueden crear 21 millones de bitcoines (actualmente, existen 16 millones en todo el mundo y la mitad los controlan poco más de 1.000 personas). En algunos casos se podría comparar con dinero digital efectivo. En Internet, los bitcoines se llaman a menudo BTC o XBT.

El número de bitcoines en circulación en el mercado se limita a 21 millones de unidades, pero una de sus particularidades es que puede verse afectado por algunos acontecimientos de los mercados bursátiles o comerciales. Es hoy sin duda el activo especulativo por excelencia.

Las personas que desean utilizar los bitcoines deben disponer de una cartera digital o pasar por un mercado de cambios. Sirven para comprar todo tipo de cosas, productos o servicios. Al extenderse su uso cada día más, su tendencia general sigue siendo alcista a largo plazo, mientras la burbuja no explote.

El haber sido admitido el bitcóin a cotizar en el mercado de Chicago, uno de los mayores del mundo en productos financieros ‘derivados’ le ha dado una carta de naturaleza de la que carecía hasta ahora. La Comisión de Comercio de Futuros (CFTC, en inglés) de los EEUU, que regula los futuros de las materias primas y del mercado de opciones, ha autorizado a dos bolsas y a un bróker a negociar productos de inversión vinculados a la moneda virtual, lo que la inviste como moneda de referencia. El mismísimo Nasdaq está estudiando lanzar sus propios futuros de bitcoines.

En el origen de este intangible, que no es más que una secuencia de código informático, generado por ordenadores que resuelven o “minan” un problema matemático complejo (de lo que se encargan los “mineros”), está la tecnología de blockchain (cadena de bloques), una especie de libro contable descentralizado que se actualiza ante sus millones de usuarios, cuyas acciones quedan registradas y ninguno de los cuales puede falsearlo unilateralmente.

El o la blockchain van a ser el futuro para sectores como la banca, los seguros, las operadoras de telecomunicación, e incluso las Administraciones Públicas, dada su alta seguridad y su inexpugnabilidad a los ciberataques.

Los bitcoines, a diferencia de las monedas tradicionales, no se emiten sino que se descubren. Los nuevos “mineros” obtienen monedas digitales a cambio de resolver problemas matemáticos que requieren máquinas con una capacidad de procesamiento muy alta sólo al alcance de equipos complejos, caros y consumidores masivos de energía. De ahí la aparición de ‘granjas’ de minado, la mayoría de ellas en China. Esta exigencia ha desarrollado asimismo una gama de virus que “minan” en ordenadores ajenos (el suyo mismo, lector/a), o sea, que parasitan la energía de cada infectado.

La criptomoneda de moda ha disparado, por supuesto, las alarmas de muchos reguladores oficiales, dado su naturaleza brutalmente especulativa. China las prohibió en septiembre pasado y Rusia estudia límites para estas operaciones, tratando de proteger sobre todo –dicen- a inversores no cualificados. Corea del Sur, por su parte, está ejecutando planes contra la especulación y el fraude en torno a las criptodivisas (se dice que en Seúl uno de cada tres empelados invierte en criptomonedas).

En la mayor parte de Europa los bitcoines se mueven en la alegalidad, aunque la UE está preparando una norma para atar su fiscalidad y de paso evitar su riesgo de vía para el blanqueo de capitales. La propia CNMV española está prestando “gran atención” a algunas operaciones cuya “complejidad y alto nivel de riesgo” son muy preocupantes.

El mundo financiero tradicional levanta todas las suspicacias contra la fiebre del bitcóin, no sabemos si por sincera convicción o por eliminar a un peligroso competidor en los mercados transparentes u opacos. El consejero delegado de Credit Suisse, Tidjane Thiam, dice: “la subida del 1.500% del bitcóin en los últimos doce meses es la definición perfecta de una burbuja”. El presidente de JP Morgan, Jamie Dimon, uno de los banqueros más poderosos de Wall Street, calificó al bitcóin de “fraude”, “estúpido” y amenazó con despedir a cualquier empleado que osara invertir en la moneda digital.

Realmente, estos últimos testimonios, viniendo de quienes vienen, son lo único que nos hace dudar si el bitcóin es tan malvado.