Nosquedamos antes del largo y cálido verano (no olvido a Joanne Woodward ni a Paul Newman) con la exuberancia irracional de don Mariano Rajoy, retroalimentada su
testosterona en agosto por obra y gracia de Albert Rivera, ese buen chico que siendo el más joven de los líderes políticos y, por ello, el más sobrado de la hormona, es capaz de dominar a su hipotálamo y propiciar acuerdos con Dios y con el diablo. ¿Y qué decir hoy de los alardes de la molécula de la exuberancia irracional que derrochan Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias), cada uno con su metodología y su epistemología propias?
Pablo Iglesias, el catódico, no el tipógrafo, tiene fuertes subidas de testosterona de cuando en cuando, que le llevan por ejemplo a proponerse en menos que canta un gallo como vicepresidente del Gobierno, con seis o siete carteras ministeriales, y el control del CESID y de la televisión pública, o que le azuzan para exhumarle la cal viva a los socialistas. Alan Greenspan no inventó hace 20 años el manido término de la exuberancia irracional pensando en los ‘pistoleros’ de las finanzas de Wall Street, como se cree, sino anticipando el ser de Pablo Iglesias, que empezaba ya a dejarse la coleta. ¡Qué visionario este presidente de la Reserva Federal de EEUU!
Se equivoca, pues, Iñigo Errejón cuando trata de activar con sus  declaraciones moderadas (sea por Twitter o mirando  a cámara) el neocórtex del cerebro de Pablo, atizando el debate ideológico interno en Podemos, porque realmente lo que hace es despertar al hipotálamo del líder para que ordene a las glándulas correspondientes la producción de testosterona en altas dosis. Entonces, Pablo sufre un ataque de exuberancia irracional y el debate se acaba por mis gónadas, versionadas como la fuerza de la mayoría de la organización.
Reconozco que el debate en el seno de Podemos tiene bemoles: no se trata de dar miedo o no a los poderes fácticos, Pablo, sino de aclarar si en la cuestión territorial de España se defenderá el unionismo, el separatismo o el libre albedrío de cada comunidad; si se quiere estar en la UE o fuera (como los británicos); en el euro o en la peseta; en la OTAN o entre los no alineados; si España debe pagar su deuda o no; si el modelo está en América Latina o en la vieja y atribulada Europa; en fin, si se está en el Sistema o contra el Sistema, si la matriz ideológica es comunista, anarquista, populista o socialdemócrata; si la meta es desalojar el PP de La Moncloa o el sorpasso  al PSOE. . That’s the question.
 Sorpasso, sorpasso, lo tendrá ya pasado mañana mismo en Galicia y en Euskadi, lo que no bloqueará sino todo lo contraria la producción de testosterona en el organismo, ese cuerpo, de Pedro Sánchez, que encabeza en estos momentos, con sus desafíos a troche y moche, el ranking de la exuberancia irracional. Me conmueve la entereza de Pedro, tallo lozano que se mantiene erecto contra el viento y marea de la uniformidad mediática (¿conocen un solo periódico, radio o televisión que lo defienda?), las presiones del IBEX-35 (que diría Pablo) y la guerra de guerrillas de sus propios barones territoriales conjurados parece a ‘la caza del Octubre Rojo’ (¿recuerdan a Sean Connery?). ¿Cómo, si no, se explica que una socialista de cuna tan espabilada como la presidenta andaluza Susana Díaz irrumpa en plenas campañas gallega y vasca desnudando las miserias internas del PSOE? ¿Cómo, si no, entender que un socialista tan precoz como Emiliano García-Page, a quien conocí hace 20 años llevando (él) todavía pantalones cortos y ya era portavoz del Gobierno en Castilla-La Mancha, se haya lanzado contra su secretario general en la víspera del cierre de campaña? ¡Están locos estos romanos!
Sostengo que Pedro Sánchez está siendo el mejor intérprete de la voluntad de los militantes y de los votantes socialistas (sonroja leer a reputados columnistas de un diario sevillano, que nunca votaron al PSOE, arrogándose este papel para concluir descalificando al líder socialista). Y añado que la estrategia de Sánchez, aunque tuviera por móvil sólo su supervivencia política, es la menos dañina hoy para el PSOE de todas las alternativas.
Dicho todo lo anterior, manifiesto que la performance de virtual Gobierno progresista que está montando Pedro Sánchez no es viable y, además, es imposible. Primero, por las gónadas (quería decir, por las razones) de Pablo Iglesias apuntadas antes, las mismas que le negaron a Pedro la Presidencia en marzo pasado. Segundo, porque sería ingobernable (la metáfora de la jaula de grillos quedaría rácana). Y tercero, porque sería un malísimo negocio para el PSOE: lo que viene son ejercicios presupuestarios con más ajustes (15.000 millones € en recortes como primera medida del nuevo gobierno) y más indignados. ¿Cómo iba a digerir Podemos y sus expansivos economistas un Gobierno austero?
No comparto la tesis de que “hay que evitar la repetición de las elecciones a cualquier precio”, como decía hace unas semanas el editorial de un periódico nacional, otrora muy respetado, que avanza de prisa hacia la decadencia.  Eso es una majadería: ni las elecciones son un mal en sí mismo (aunque una segunda repetición habla mal de los partidos y de sus líderes), ni tener cualquier gobierno es un bien en sí mismo (basta mirar hacia atrás y a otros países para comprobarlo). Ni unas nuevas elecciones serían el apocalipsis ni para evitarlas “a cualquier precio” cabe cualquier engendro por muchas subidas de testosterona que nuestra virilidad nos insufle, Pedro.
En el siglo XIX, el fisiólogo alemán Rudolf Virchow observó ya que la política es medicina en toda su amplitud. Recomiendo, pues, que se busque la medicación más adecuada para nuestros irracionalmente exuberantes y respetables líderes.