En el libro ‘Estadística y verdad. Aprovechando el azar’, el afamado profesor C. Radhakrishna Rao nos descubre que el término azar, que se usa para describir fenómenos aleatorios, obedece, contra lo que pensamos, a un proceso determinista que puede ser formulado con ecuaciones matemáticas. “El azar versa sobre el orden en el desorden”, dice, y obedece a leyes que pueden ser articuladas por algoritmos.

Este descubrimiento científico que se abrió camino en los últimos años del pasado siglo ayuda a explicar la erección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, que no sería fruto del azar entendido a la antigua sino producto de leyes inexorables tributarias del cálculo de probabilidades y de complejas ecuaciones. Ahora entendemos la declaración de Einstein: “Dios no juega a los dados con el Universo”. O sea, no ha tenido nada que ver en lo de Pedro, que estaba hace diez días tan tranquilo en su casita con Begoña y sus hijas, en una clara posición demoscópica declinante (las diversas encuestas lo colocaban en tercer o cuarto lugar en el mapa electoral) y mañana sábado tomará posesión como presidente del Gobierno. Ni el propio Rao hubiera afinado con el algoritmo que daba este resultado.

Pedro Sánchez hoy es The Revenant (el renacido) y, si analizamos con rigor las variables desde el inicio de su carrera política, quizá podamos entender que no ha llegado ahí por la lotería, la potra o la casualidad, sino por una suerte de  determinismo ordenado por las leyes que rigen el azar. ¿Cómo, si no, se explica que hasta en tres ocasiones llegara al Ayuntamiento de Madrid (en 2003) y al Congresos de los Diputados (2009 y 2013) sin haber resultado elegido inicialmente por ir en puestos del vigésimo en adelante en la lista del PSOE? ¿Cómo, si no, se explica que en todos los casos la lista fuera liberando posiciones (se corría, como se dice, por pasar l@s precedentes a otros destinos) hasta que le tocaba entrar a Pedro?

Así se plantó en las primarias de 2014 para la secretaría general del PSOE, ganándolas con suficiencia. El azar y sus leyes inmutables. ¿Cómo, si no, se explica que muriera (políticamente) en aquel 1º de octubre de 2016, luctuosa jornada del Comité Federal de los cuchillos largos, y resucitara meses después para imponerse en las nuevas primarias a Susana Díaz, contra tirios y troyanos (véase para más detalles de aquel proceso nuestro post de 21 de mayo de 2017). ¿Cómo, en fin, que se haya convertido, con toda legitimidad y más apoyo parlamentario que tuvo Mariano Rajoy, en presidente del Gobierno tras obtener en dos elecciones generales consecutivas los peores resultados del PSOE?

En el susodicho post, me hacía la pregunta retórica sobre si había nacido un líder pero ni asesorado por el sabio Radhakrishna y sus ecuaciones del azar hubiera vaticinado que Pedro Sánchez se convertiría en presidente del Gobierno tan sólo un año después. No le arriendo las ganancias pero no lo den por fracasado antes de tiempo salvo que manejen algoritmos que desconozco.

Tiene por delante un horizonte estremecedor: Gobierno asentado en sólo 85 diputados y en lo que a Pablo Iglesias (UP) le venga bien en cada coyuntura; la crisis de Italia que puede devenir financiera; la dura oposición del PP (por venganza) y Cs (por despecho); la presión de los independentistas catalanes (¿cuánto durará el fair play?); el 90% de los medios de comunicación en contra (¿han leído los editoriales de los dos últimos días en EL PAÍS, El Mundo, ABC, y demás periódicos de la derecha?; las fake news que lo brearán desde hoy mismo; y siempre la Troika vigilando las cuentas públicas (pero Pedro Sánchez parece un hombre sensato y templado, conoce bien la UE y será tan disciplinado al menos como el primer ministro de Portugal, António Costa, que preside un Gobierno de socialistas y comunistas de los de antes, y no le está saliendo mal).

Los sesudos analistas se preguntaban hoy, sin salir aún del shock, sobre el perfil de Pedro Sánchez. Inducido cada uno por su prejuicio e ideología, lo definían como ambicioso, contumaz, narcisista, inconsistente, fondista, surfista, capaz de acertar sin querer, etc… No lo conozco como para atreverme a caracterizarlo pero yo destacaría como sus mayores virtudes la audacia y la resiliencia y como su destino inexorable la condena por las leyes del azar a ser Presidente del Gobierno.