El relato mítico de los independentistas catalanes ha engendrado al 131º presidente de la Generalitat, remontándose el primero a la Edad Media, era de la humanidad que explica la solvencia intelectual de la perfomance separatista (se ignora por qué no han retrocedido, ya puestos, hasta el Paleolítico superior). Los que nos preciamos de conocer la historia creíamos que el primer president de la Generalitat fue Francesc Macià, en la II República, porque ese título oficial no existió nunca antes. Pues no, listos, Quim Torra es el 131º, ¿qué pasa?

Carles Puigdemont (el 130º) se ha salido con la suya, por el momento, al lograr la investidura de un valido que va a ejecutar su plan vengativo al pie de la letra. Como hemos venido sosteniendo desde hace un lustro, en toda especulación sobre el plan de acción de los independentistas, pónganse siempre en el peor escenario, por más que los medios de comunicación españolistas reincidan en el error de creer que la lógica de los separatistas puede responder alguna vez a la estructura canónica. No y mil veces no. Por cuestión racial, como ha explicado el President interino, Quim Torra, las conexiones neuronales (digamos, la sinapsis) de los ‘indepes’ son de más calidad que las de los españoles, de ahí la brillante trayectoria y curriculum profesional de Quim y de Carles en sus más de cincuenta años de existencia. O sea, si una criatura española razona así, sepa usted que ellos razonarán asao. Lo demás es hacer un Rajoy o ganas de marear la perdiz.

Ahíto de proponer a candidatos imputados por diversos delitos, incluida su mismidad, Carles Puigdemont ha señalado a un aventajado que iba 11º en su lista y que debía de ser el único que podía empeorar la chance de los encarcelados preventivamente. Quim Torra no responde sólo al perfil de valido, títere o testaferro, sino que representa a la extrema derecha de la derecha nacionalista catalana de toda la vida: su producción literaria, es un decir, lo delata. ¿Qué se puede esperar de un ser como éste? Lo peor en todos los sentidos.

Quim Torra, por su anclaje en la Edad Media, representa, efectivamente, la continuidad histórica milenaria de la nación catalana. Pero yo me hubiera remontado, insisto, al Paleolítico Superior (superior, of course). A mí me recuerda mucho al homo neanderthaliensis, que habitó en aquellos predios.